La actualización del precio de los arrendamientos está relacionada directamente con la evolución de determinados indicadores económicos. Entre ellos, el más utilizado para revisar las rentas es el Índice de Precios al Consumo (IPC), que refleja el encarecimiento o abaratamiento del coste de la vida. Cuando este índice sube, los precios de los bienes y servicios también lo hacen, y el alquiler de viviendas no es una excepción.
El IPC lo calcula el Instituto Nacional de Estadística tomando como referencia una “cesta de la compra” de productos y servicios habituales. Comparando su evolución mes a mes, se obtiene la variación porcentual que posteriormente se puede aplicar a la renta de los contratos en vigor. Por lo tanto, si el indicador refleja un 3 %, esto señala un aumento equivalente en el coste de la vida.
En el caso de los contratos de arrendamiento, la actualización del alquiler solo se aplica si se ha pactado previamente en el contrato. En la práctica, la mayoría se ajustan con el IPC, salvo que se haya establecido expresamente otro índice. Para aplicar la revisión, se toma como referencia el dato oficial publicado dos meses antes de la fecha de actualización, ya que la notificación al inquilino debe hacerse con antelación.
En 2022, 2023 y 2024, los incrementos de los alquileres estuvieron sujetos a límites legales del 2% y 3%, lo que implicó que, incluso si el IPC era mayor, la renta no podía superar dichos topes. A partir de 2025, la regulación ha cambiado: los contratos firmados tras la entrada en vigor de la nueva normativa se revisan con un índice específico que combina la variación del IPC con otros indicadores de inflación para evitar incrementos excesivos.
Por ejemplo, en julio de 2025, el índice correspondiente fue del 2,7%. Así, si un arrendatario abonaba 1.200 euros, el incremento sería de 32,4 euros y la nueva mensualidad quedaría en 1.232,4 euros. Este cálculo se puede realizar de forma sencilla utilizando la herramienta proporcionada por el propio INE.
En definitiva, la evolución del IPC sigue siendo un factor clave en el coste de los arrendamientos, y conocer cómo aplicarlo ayuda tanto a propietarios como a inquilinos a planificar mejor sus finanzas. Desde Immosfera recomendamos revisar los contratos con atención y anticiparse a las próximas actualizaciones para evitar sorpresas.